D. El Agua.
Lejos, el nutriente más importante para el montañista.
Representa entre un 60 a un 70% del peso de nuestro cuerpo, el cual
es muy sensible a su disminución o pérdida dado que todas las reacciones
químicas se producen en un medio acuoso (utilizado para el transporte
de los alimentos y el oxígeno).
La sed es un indicador para normalizar la ingesta de agua. En un principio
se ajusta a las necesidades del organismo, pero cuanto más severa es la
ausencia del vital elemento, menor es la sensación de sed. Si no se reestablece
de forma adecuada las necesidades de agua, el rendimiento físico disminuye
pudiendo conducir en casos extremos a la deshidratación.
El aire existente a grandes altitudes es seco y frío. En cada
inspiración, el cuerpo debe saturar de humedad el aire y entibiarlo,
antes de entregarlo a las delgadas membranas de los pulmones. Al exhalar,
el aire se lleva al exterior esta humedad y parte de nuestro calor. Sólo
por este efecto, se pueden llegar a perder dos litros de agua diario,
dependiendo de la altitud y de la intensidad del ejercicio físico.
Existe otra perdida, producida por la labor de filtración de
los riñones, que podríamos cuantificar en un litro y medio
por día a grandes altitudes.
La sudoración es el último factor importante y el más
evidente. Para hacernos una idea podríamos citar algunos estudios
realizados a nivel a mar a corredores de 10.000 metros, quienes llegan
a perder entre un 10 al 30% del volumen de su plasma sanguíneo
y tienen problemas manifiestos para controlar su temperatura. Esta situación
provoca una baja en el rendimiento físico de un 6%.
Ahora extrapolemos esta situación a 8.000 metros adonde se llega
tras cinco días de esfuerzos, cada uno de los cuales puede compararse
a correr una maratón. Y no es lo único, dado que el proceso
de obtención del agua es lento y engorroso, por la desgana, la
decidia, el cansancio y la incomodidad general.
Entonces, ¿cuánta agua debiera ingerirse para recuperar
el líquido perdido?
Una regla teórica indicaría que se debe ingerir 1 ml. de agua por kilocaloría
consumida, relación un tanto complicada de usar.
Mejor usar esta otra, que dice que la ingesta debe ser 50 cc. de agua
por día por cada kilo del peso corporal del individuo. De esa forma,
una persona de 70 kilos debiera ingerir 3 litros y medios diariamente.
Para un montañista, en un día de descanso a gran altitud, habría que agregar
un litro por cada 2.000 metros. Por lo tanto, una persona que está acostada
en una tienda a 8.000 metros, debería ingerir, por el sólo hecho
de vivir, ¡8 litros de agua!.
Tal vez el anterior cálculo es muy teórico, pero el peligro es real.
Los factores ya explicados colocan al escalador siempre en un estado de
deshidratación contínua y está claro que muchos accidentes
están directa o indirectamente relacionados con una ingesta de
agua insuficiente.
Un montañista que desea encarar con éxito alguna cumbre
difícil, debe considerar dentro de sus variables un plan de hidratación
óptimo, el cual le va a permitir rendir más, cansarse menos
y aumentar sus probabilidades de sobrevivencia.
Sin estar directamente relacionado, puede ser conveniente tocar aquí
el punto del viejo mito que dice que el alcohol es bueno para la altura,
porque "calienta" el cuerpo.
Al contrario, está absolutamente contraindicada su ingesta en
actividades al aire libre, especialmente en alta montaña dado que
es un vaso dilatador, aumenta los riesgos de deshidratación, genera
problemas de coordinación y, evidentemente, inhibe la correcta
toma de decisiones.
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