H. El Caso del Everest.
Los anteriores puntos permiten comprender rápidamente los criterios
que se deben tomar en cuenta a la hora de especificar el menú en nuestra
expedición.
Nosotras tendremos dos campamentos con cocina y cocinero: uno en el
Base a 5.350 mts. y otro en el Campo
II a 6.500 mts. de altitud. El motivo para tener en este último una
mayor infraestructura alimenticia es que queda más cerca de la cumbre
y se acostumbra pasar más tiempo en él, ya sea por las esperas producidas
por el mal tiempo o bien porque se está de paso hacia los campos
superiores.
Para ambos se diseñaron dos menús de siete días cada uno, después de
los cuales se repite el del primer día. Estos campamentos, pese a estar
bien metidos en el macizo montañoso, fueron organizados para tener casi
una alimentación "normal", incluyendo items que en otros lugares no podríamos
tener, tales como huevos, carnes y pan.
Los desayunos serán livianos y sin fritura, con brebajes calientes
para mantenerse hidratados. Además, frutas, cereales, leche, azúcar,
queso, mermeladas y manjar. Con respecto a la comida, ésta será reponedora:
sopas, arroz, huevos, frutas y carnes, acompañado de mucho té y
hierbas para ayudar a la digestión. Las verduras son un caso especial
porque su ingesta debe hacerse con cuidado dado que no conviene hacerlo
de noche (que es cuando hace más frío) y porque existe el riesgo
de enfermedades estomacales.
Toda esta comida fue comprada en Katmandú, pero más arriba las
condiciones cambian tan radicalmente que tuvimos que comprar los alimentos
en EE.UU. y llevarlos con nosotros.
A partir de los 7.000 metros, comer ya no es un placer, sino que una
obligación, una manera de cuidarse a sí mismo. La falta de oxígeno, el
cansancio, el sueño, la baja presión atmosférica y la ansiedad conspiran
para tener apetito. Cuando esto ocurre, la falta de hambre no es porque
una persona esté en perfecto estado atlético (algo así como decir, estoy
tan bien que no tengo apetito), sino todo lo contrario. No desea comer
sencillamente porque está siendo afectado por la altura.
Además, los alimentos a consumir deben ser transportados por
nosotros mismos y ésto limita las opciones. El acto físico de cocinar
es tortuoso, lento y aburrido, así que tratamos de armar un menú
que se pueda preparar sin complicaciones ni demoras, priorizando siempre
por el consumo de líquidos. Los desayunos serán esencialmente té,
leche (el cual poco a poco tiende a transformarse en un brebaje no deseado
por las grasas que posee), café (algunas personas no lo recomiendan),
sopas, jugos, jaleas, hierbas y desayunos preparados. En la cena, igual
cosa, pero reforzados con alimentos liofilizados de la marca Mountain
House. Estos serán complementados con raciones de marcha especialmente
compradas y que pasamos a explicar a continuación.
Tendremos tres tipos. La primera es Cliffbar, que brinda 240 calorías
en 68 gramos. La segunda es la conocida barra de 65 gr. de PowerBar, que
consta de 2.5 gramos de grasas (0.5 de las cuales son saturadas), 9 grs.
de proteinas, 45 gramos de carbohidratos y sales minerales varias (con
un total de 230 calorías). El inconveniente de esta barra es que se endurecen
mucho con el frío; por eso, para los días de cumbre, usaremos
una pasta de 41 gr. denominado PowerGel, que son esencialmente carbohidratos
que entregan 110 calorías.
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