por Patricia Soto y Rodrigo Fica
Página Inicio Chilenas al Everest

Alimentación (9/9)

Patricia Soto
Azimut   Cruz del Sur

H. El Caso del Everest.

Los anteriores puntos permiten comprender rápidamente los criterios que se deben tomar en cuenta a la hora de especificar el menú en nuestra expedición.
Nosotras tendremos dos campamentos con cocina y cocinero: uno en el Base a 5.350 mts. y otro en el Campo II a 6.500 mts. de altitud. El motivo para tener en este último una mayor infraestructura alimenticia es que queda más cerca de la cumbre y se acostumbra pasar más tiempo en él, ya sea por las esperas producidas por el mal tiempo o bien porque se está de paso hacia los campos superiores.
Para ambos se diseñaron dos menús de siete días cada uno, después de los cuales se repite el del primer día. Estos campamentos, pese a estar bien metidos en el macizo montañoso, fueron organizados para tener casi una alimentación "normal", incluyendo items que en otros lugares no podríamos tener, tales como huevos, carnes y pan.
Los desayunos serán livianos y sin fritura, con brebajes calientes para mantenerse hidratados. Además, frutas, cereales, leche, azúcar, queso, mermeladas y manjar. Con respecto a la comida, ésta será reponedora: sopas, arroz, huevos, frutas y carnes, acompañado de mucho té y hierbas para ayudar a la digestión. Las verduras son un caso especial porque su ingesta debe hacerse con cuidado dado que no conviene hacerlo de noche (que es cuando hace más frío) y porque existe el riesgo de enfermedades estomacales.
Toda esta comida fue comprada en Katmandú, pero más arriba las condiciones cambian tan radicalmente que tuvimos que comprar los alimentos en EE.UU. y llevarlos con nosotros.
A partir de los 7.000 metros, comer ya no es un placer, sino que una obligación, una manera de cuidarse a sí mismo. La falta de oxígeno, el cansancio, el sueño, la baja presión atmosférica y la ansiedad conspiran para tener apetito. Cuando esto ocurre, la falta de hambre no es porque una persona esté en perfecto estado atlético (algo así como decir, estoy tan bien que no tengo apetito), sino todo lo contrario. No desea comer sencillamente porque está siendo afectado por la altura.
Además, los alimentos a consumir deben ser transportados por nosotros mismos y ésto limita las opciones. El acto físico de cocinar es tortuoso, lento y aburrido, así que tratamos de armar un menú que se pueda preparar sin complicaciones ni demoras, priorizando siempre por el consumo de líquidos. Los desayunos serán esencialmente té, leche (el cual poco a poco tiende a transformarse en un brebaje no deseado por las grasas que posee), café (algunas personas no lo recomiendan), sopas, jugos, jaleas, hierbas y desayunos preparados. En la cena, igual cosa, pero reforzados con alimentos liofilizados de la marca Mountain House. Estos serán complementados con raciones de marcha especialmente compradas y que pasamos a explicar a continuación.
Tendremos tres tipos. La primera es Cliffbar, que brinda 240 calorías en 68 gramos. La segunda es la conocida barra de 65 gr. de PowerBar, que consta de 2.5 gramos de grasas (0.5 de las cuales son saturadas), 9 grs. de proteinas, 45 gramos de carbohidratos y sales minerales varias (con un total de 230 calorías). El inconveniente de esta barra es que se endurecen mucho con el frío; por eso, para los días de cumbre, usaremos una pasta de 41 gr. denominado PowerGel, que son esencialmente carbohidratos que entregan 110 calorías.

Alimentación en el Montañismo