G. Alimentación en el Montañismo.
En esta disciplina, generalmente se acostumbra a cocinar sólo dos veces
al día: para el desayuno y la comida. El resto de la jornada se consumen
alimentos energéticos en los descansos, en lo que se denomina "ración
de marcha" (que no significa que haya que comer caminando) y consta
de alimentos fáciles de consumir y con alto valor energético,
como por ejemplo, chocolates y dulces.
¿Cuánta comida?
Es complicado generalizar, pero podríamos decir que una persona sedentaria
requiere entre 1.800 a 2.200 calorías diarias para vivir. Una persona
algo más activa podría llegar a los 2.700. Un montañista fácilmente llega
a los 5.000, si es que no más. Es decir, si algo está permitido,
es comer bien.
Los alimentos deben ser fáciles de digerir y que nos signifiquen un
menor consumo de oxígeno y energía en la digestión, tales como los hidratos
de carbono monosacáridos; por eso, los primeros nutrientes que se descartan
son aquellos que poseen grasas, como por ejemplo, las carnes, los huevos,
los fritos, el maní, la palta y la leche.
Deben ser fáciles de preparar. Un clásico ejemplo es la comparación
entre los pastas y el arroz, hidratos de carbono semejantes, pero generalmente
se opta por el primero ya que toma sólo 10 minutos de preparación. Menos
tiempo cocinando, menos combustible, más tiempo para descansar e hidratarse.
El tipo de excursión también importa. En actividades técnicas
no es fácil prender los anafres y se hacen en lugares incómodos, además
que los alimentos deben ocupar poco espacio. Pero si es sólo una caminata,
es posible armar menús muy semejantes a los de la ciudad.
La duración es otro factor importante. Algunos nutrientes son
innecesarios si la actividad es por pocos días, como es el caso de las
vitaminas, sales minerales y proteinas. Si dura más de cinco jornadas,
ya hay que empezar a considerarlos. Expediciones mayores a lugares remotos
representan el otro extremo, dado que los grupos deben ser autosuficientes
y su alimentación debe ser planificada de tal manera que les permita acometer
con éxito sus objetivos.
Si estamos lejos y debemos caminar con nuestra comida, probablemente
desecharemos prontamente aquella comida con envoltorios inadecuados y
frágiles. Como los huevos, el aceite o las galletas de agua. Otros
son muy ineficientes en su relación peso útil/peso total,
como los melones o las sandías, done gran parte del peso no se
ingiere.
Por supuesto, el gusto personal es algo a considerar. No basta con tener
comidas equilibradas del punto de vista nutricional; de nada sirven si
no se comen. Y aquí aparece la paradoja del montañista. Puede que el deporte
sea sacrificado, pero la comida es uno de los grandes gustos que uno se
puede dar. Para entenderlo, exageremos e maginemos a un escalador que
va a pasar su última noche en el último campamento en el K2, a 8.000 metros.
Si esa persona quiere comer papas fritas porque le gustan y se las va
a comer, entonces, démosle papas fritas. Nutricionalmente improcedente,
pero si realmente éste individuo va a ser feliz y se va a relajar
para enfrentar el desafío con seguridad y con una gran probabilidad de
éxito, entonces, démosle papas fritas.
Por último, también es importante el presupuesto con el que se
cuenta. Obvio. Existen muchas cosas ideales, pero si una barra de chocolate
chileno cuesta el 10% de una barra energética americana y necesitamos
comprar 100 para nuestra expedición de verano, no hay donde perderse.
Lo importante eso sí es mantener el equilibrio general de nuestra alimentación.
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