por Patricia Soto y Rodrigo Fica
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Alimentación (8/9)

Patricia Soto
Ram Chile S. A.   KLM

G. Alimentación en el Montañismo.

En esta disciplina, generalmente se acostumbra a cocinar sólo dos veces al día: para el desayuno y la comida. El resto de la jornada se consumen alimentos energéticos en los descansos, en lo que se denomina "ración de marcha" (que no significa que haya que comer caminando) y consta de alimentos fáciles de consumir y con alto valor energético, como por ejemplo, chocolates y dulces.
¿Cuánta comida?
Es complicado generalizar, pero podríamos decir que una persona sedentaria requiere entre 1.800 a 2.200 calorías diarias para vivir. Una persona algo más activa podría llegar a los 2.700. Un montañista fácilmente llega a los 5.000, si es que no más. Es decir, si algo está permitido, es comer bien.
Los alimentos deben ser fáciles de digerir y que nos signifiquen un menor consumo de oxígeno y energía en la digestión, tales como los hidratos de carbono monosacáridos; por eso, los primeros nutrientes que se descartan son aquellos que poseen grasas, como por ejemplo, las carnes, los huevos, los fritos, el maní, la palta y la leche.
Deben ser fáciles de preparar. Un clásico ejemplo es la comparación entre los pastas y el arroz, hidratos de carbono semejantes, pero generalmente se opta por el primero ya que toma sólo 10 minutos de preparación. Menos tiempo cocinando, menos combustible, más tiempo para descansar e hidratarse.
El tipo de excursión también importa. En actividades técnicas no es fácil prender los anafres y se hacen en lugares incómodos, además que los alimentos deben ocupar poco espacio. Pero si es sólo una caminata, es posible armar menús muy semejantes a los de la ciudad.
La duración es otro factor importante. Algunos nutrientes son innecesarios si la actividad es por pocos días, como es el caso de las vitaminas, sales minerales y proteinas. Si dura más de cinco jornadas, ya hay que empezar a considerarlos. Expediciones mayores a lugares remotos representan el otro extremo, dado que los grupos deben ser autosuficientes y su alimentación debe ser planificada de tal manera que les permita acometer con éxito sus objetivos.
Si estamos lejos y debemos caminar con nuestra comida, probablemente desecharemos prontamente aquella comida con envoltorios inadecuados y frágiles. Como los huevos, el aceite o las galletas de agua. Otros son muy ineficientes en su relación peso útil/peso total, como los melones o las sandías, done gran parte del peso no se ingiere.
Por supuesto, el gusto personal es algo a considerar. No basta con tener comidas equilibradas del punto de vista nutricional; de nada sirven si no se comen. Y aquí aparece la paradoja del montañista. Puede que el deporte sea sacrificado, pero la comida es uno de los grandes gustos que uno se puede dar. Para entenderlo, exageremos e maginemos a un escalador que va a pasar su última noche en el último campamento en el K2, a 8.000 metros. Si esa persona quiere comer papas fritas porque le gustan y se las va a comer, entonces, démosle papas fritas. Nutricionalmente improcedente, pero si realmente éste individuo va a ser feliz y se va a relajar para enfrentar el desafío con seguridad y con una gran probabilidad de éxito, entonces, démosle papas fritas.
Por último, también es importante el presupuesto con el que se cuenta. Obvio. Existen muchas cosas ideales, pero si una barra de chocolate chileno cuesta el 10% de una barra energética americana y necesitamos comprar 100 para nuestra expedición de verano, no hay donde perderse. Lo importante eso sí es mantener el equilibrio general de nuestra alimentación.

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