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Historia del Everest (1/3)
Ariel

Aproximación por la cascada del Khumbu. Expedición de reconocimiento de 1951. Foto: Eric ShiptonA diferencia de las culturas primitivas que habitaban en torno a los Andes, los pueblos que vivían a los pies de los Himalaya los reverenciaban como moradas de los dioses y, como tal, intocables y sagradas. Por eso, no fueron escaladas hasta antes del siglo XX.
Con respecto al Everest, los primeros datos que se tienen derivan de un mapa del siglo XVIII donde aparecía una montaña con el nombre de Tschoumou-Lanckma, es decir, la Diosa Madre de la Tierra, pero recién en 1847 hubo conocimiento de la enorme altura de este macizo, casi rozando los 9.000 metros.
Fueron necesario esperar 9 años para procesar esta información y hacerla oficial con 8.840 metros, sólo 8 menos que la altura oficial hoy.
La polémica del nombre duró otros nueve años más. El ya jubilado topógrafo jefe, George Everest, deseaba respetar el nombre original, tal como se había hecho con el resto de los picos, pero su sucesor deseaba honrarlo por su gran trabajo y convenció en 1865 a la Royal Geographical Society para que bautizara a la montaña como Everest.
El primer intento serio por subirlo, o mejor dicho, por intentar acercársele, se debe al capitán John Noel quien logró en 1913 introducirse clandestinamente en Tíbet (entonces cerrado a los extranjeros) y realizar algunas mediciones preliminares de lo que sería la aproximación por el lado norte. Fue sorprendido por la población nativa y debió huir.
Llegó la Primera Guerra Mundial y un receso obligado. Luego, Francis Younghusband hizo popular en Inglaterra la idea de escalarlo, haciendolo un asunto de importancia nacional. Mediante "sutiles" presiones lograron obtener el permiso del Tibet para entrar en el Himalaya y se lanzaron a la conquista.
La primera expedición partió en 1921, en la cual ya participaba George Mallory: descubrieron la entrada por el glaciar del Rongbuk Este pero se vieron detenidos a 7.500 metros. Vuelven en 1922, dirigidos por Charles Bruce, y con la participación de Noel, Mallory y Somervell: usaron oxígeno y llegaron hasta 8.300 metros, antes que el mal tiempo y las avalanchas los obligaran a retroceder.
Sir Edmund Hillary, de Nueva Zelandia
Finalmente en 1924 hubo un tercer intento británico que terminó en la ya conocida y famosa epopeya de George Mallory y Andrew Irvine, desapareciendo ambos en la niebla en algún lugar de la arista cimera.
Aún persiste el misterio acerca de que tan alto llegaron, y si hicieron cumbre o no.
Hubo más expediciones en la década de los 30 y los 40, pero ninguno pudo superar la marca de 8.500 metros impuesta por la de 1924 (si es que no llegaron a la cumbre). Después vendría el paréntesis de la Segunda Guerra Mundial. Terminada ésta, infortunadamente, China invadió el Tibet y la región fue nuevamente cerrada a los extranjeros a comienzos de los 50, bloqueando con ello el acceso a la ruta por la vertiente norte.

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