Es muy probable que la mayor parte de los montañistas jóvenes
de Chile no conozcan a "Pancho".
Esto se debe quizás a que él ha mantenido una posición
alejada de las grandes expediciones o bien porque gran parte de su carrera
la realizó en Europa. No obstante, al analizar su historia es posible
percibir el grado de importancia e influencia que tuvo en su momento en
el desarrollo deportivo del montañismo en Chile.
Francisco Javier Medina Schlotterbeck nació el 25 de Agosto de
1962, en Santiago.
Del colegio, sólo malos recuerdos. Le cargaba estudiar. Quizás
la excepción era el ramo de Educación Física donde
todo iba bien mientras hubiera que correr, pero detestaba cualquier juego
que involucrase una pelota. Para peor, era indisciplinado, alguien que
trataba de seguir sus propias reglas entre las cuales por supuesto se
hallaba el no usar corbata.
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A los 12 años su vida cambió. Junto con un grupo de amigos
del barrio, iniciaron un conjunto de salidas incipientes al San Cristobal,
el Santa Lucía y el Manquehue. Hacían montones de locuras,
como bajar a mano desnuda por sogas de manila o a escalar árboles
de 30 metros.
A los 15 años entró al Club
Andino Wechupún, lugar donde encontró una maravillosa
mística en torno al montañismo. Ascendió el Corona
y la Placa Roja. A los 16, realizó el curso de montañismo
y escalada en la Escuela Nacional de Montaña. En busca de mayores
oportunidades, a principios del 80 se pasó a la Rama de Montañismo
de la Universidad de Chile. Junto con Germán Maccio, abrió
una nueva ruta a la Pared
Sur del Mesón Alto y subió las tres placas de Lo Valdés
en dos días.
A modo de anécdota, fueron los primeros en usar regularmente
zapatillas de escalada, lo que les valió una andanada de críticas
e incomprensión.
Ese año egresa del Instituto Nacional. Para celebrar, se va al
Aconcagua y realiza el primer ascenso chileno por la ruta del Glaciar
de Polacos. Regresa a Chile y es invitado a participar como elemento joven
en la Selección Nacional de Andinismo, cuya meta final era el primer
ascenso latinoamericano al Everest.
A fines de 1981, escaló el Cuerno Central del Paine en medio
de una expedición francesa. Luego, con los mismos integrantes,
hizo el primer ascenso en el día de la Pared
Sur del Arenas y abrió la ruta franco-chilena a la Cara
Sur de San Gabriel.
Los franceses, contentos con su desempeño, lo invitaron a Europa.
El problema era que entraba becado a estudiar a Ingeniería Civil
Plan Común en la Universidad de Santiago, pero ante la oportunidad
del viaje, optó por renunciar... No lo dudó ni un instante,
porque realmente tenía muy claro lo que quería.
Los dos meses y medio en el viejo continente fueron fructíferos.
Realizó un curso de perfecionamiento para guías en la Ecole
Nationale de Ski et Alpinisme y escaló la Aguille du Peigne,
Aguille
du Midi, Aguille de Argentine, Aguille du Chardonet y el Mont-Blanc
du Tacul por el corredor Gervasutti. Lo único malo fue que
en una oportunidad casi se mató en el Glaciar de Blatiere al ir
desencordado y caer en una grieta. Voló 17 metros dando botes y
aterrizó bruscamente de espalda.
Volvió a Chile. Continúo escalando y esquiando. A fines
de ese año (1982), intentó la Pared Sur del Morado con Gino
Cassasa. Llegaron hasta el final del canalón de hielo y decidieron
bajar porque querían hacer la primera ascención en el día
y ya iban muy retrasados. En los rapeles, Gino Cassasa estaba probando
un anclaje y éste saltó, botando a Francisco y quedando
los dos colgados de un solo clavo. Esta vez, no le pasó nada.
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