Mauricio Purto era un joven y desconocido médico hasta que entró a la escena deportiva nacional a fines de la década de los 80, cuando
organizó una expedición al Cho-Oyu, la sexta montaña más alta del planeta.
Él había dado sus primeros pasos en el montañismo dentro de la Universidad Católica, pero tenía una perspectiva diferente que lo llevó a alejarse y a hacer las cosas por su cuenta. Obtuvo el permiso para escalar la ruta normal del Cho-Oyu en el premonzón
de 1988 y se dedicó a organizar una expedición bajo el alero del Club Alpino Italiano.
Pudo abaratar costos y planificar un intento por US$ 25.000, cantidad bastante menor que las precedentes. Sus compañeros fueron Alejandro Izquierdo, Rodrigo Mujica e Italo Valle, más Ang Rita (guía y jefe de sherpas), Ang Furi y un cocinero (estos últimos nepaleses).
Parten de Santiago en Marzo. El 3 de Abril arribaron al Campo Base (5.200 m). Durante dos semanas realizaron porteos y equiparon los campamentos superiores. El 22 de abril, partieron del Campo Base Avanzado para iniciar el ascenso definitivo, pero en el Campo III (6.600 m.) optaron por separarse en
dos grupos para aumentar las probabilidades de éxito.
Mujica e Izquierdo bajaron al Base Avanzado para descansar y reponerse por tres días, mientras que el resto subía en pos de la cumbre. El 23, Purto, Rita y Valle equiparon la pared de Hielo y regresaron al III. El 24, hubo mal tiempo. El 25 hicieron un porteo. El 26 subieron al Campo
IV (7.200 m), pero al día siguiente el clima se degradó y debieron esperar. El 28 ascendieron al último campamento, el V (7.600 m). Finalmente el 29 de abril tuvieron su oportunidad cuando, sin mayores incidentes, llegaron a la cumbre a las 13.30 horas.
Bajando se cruzarían con Mujica e Izquierdo en los alrededores del Campo IV, pero lamentablemente éstos no tendrían
igual suerte, dado que se toparon con una tormenta que los mantuvo bloqueados en el último campamento a 7.600 m.
Este fue el primer ascenso latinoamericano al Cho-Oyu y, según varios, el primer ascenso de un 8.000 por chilenos. Fue realizado por un grupo cuya edad promedio era de 26 años, sin el uso de oxígeno, aunque con el soporte de un guía de enorme experiencia como Ang Rita.
Visto así, no es posible realizar una justa comparación con los intentos anteriores, aunque sí representó un cambio radical en la forma y fondo de como encarar un ascenso en los Himalayas. Además, el éxito le permitió a Purto contar con los medios necesarios
para organizar un proyecto que le permitiría intentar el Everest algunos años después.
Otro aspecto interesante que se puede apreciar en el trasfondo de esta expedición es que los tiempos habían cambiado. Hasta ese entonces, los intentos nacionales se habían desarrollado en ambientes solitarios, hostiles y sin contacto "social" alguno. Pero Purto aquí
debió resolver varios problemas ajenos al natural desenvolvimiento de su actividad, causados en parte por la existencia de múltiples grupos internacionales con heterogéneos intereses.
Un símbolo de la futura masificación que el himalayismo sufriría en la próxima década.
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