El
éxito del Gasherbrum II
entregó una motivación adicional para intentar otro ascenso
en los Himalayas.
Una Selección Nacional bajo el mando de Gastón Oyarzún
se propuso intentar el Everest por la ruta del Collado Norte, aquella
de Mallory e Irvine.
En esencia, era el mismo grupo que había estado en el Gasherbrum II en 1979. Además del líder, estaba Claudio Lucero, Nelson Muñoz, Dagoberto Peña, Juan Pardo, Luis García, Ivan Vigouroux, Gino Casassa, Claudio Gálvez, Eduardo Parvex, Nelson Rivera
y Jorge Bassa (médico).
Arribaron al Campo Base (5.150 m.) el 24 de marzo de 1983. En un mes
de duro trabajo con varias idas y venidas, lograron instalaron el Campo
I (5.600 m.), el Campo II (6.000 m.), el Campo III (6.500 m.), el Campo
IV (7.000 m. Collado Norte) y el Campo V (7.500 m.), luego del cual se
reagruparon en el Base para descansar y capear un período de mal
tiempo.
No fue fácil y hubo varias incidencias. El 10 de abril, Casassa sufrió un principio de edema cerebral
y fue bajado inmediatamente al base acompañado por García y Muñoz, incidencia que, de facto, lo marginó del resto del ascenso. El 29, Bassa estaba en el Campo III y se sintió mal, auto-diagnosticándose edema; con oxígeno y ayudado por Parvex logró
llegar indemne al Base. Al día siguiente, Galvez sufrió congelamientos en los pies y debió descender desde los 7.600 metros. También para él la expedición llegaba a su fin.
Problemás más, problemas menos, el 9 de mayo iniciaron el ataque final a la cumbre. Un grupo de apoyo se adelantó con cargas, mientras Pardo, García, Lucero, Oyarzún, Vigouroux y Peña llegaban al Campo V el 16 de mayo. El 17, el grupo subió hasta 8.050
e instaló el Campo VI; Pardo y García, ambos aún en buenas condiciones, regresaron para aumentar las oportunidades de éxito del resto. El 18, los cuatro restantes subieron hasta los 8.300 m. e instalaron el Campo VII.
Al día siguiente, en medio de un fuerte viento, trataron de superar
la banda amarilla pero no dieron con la pasada exacta y debieron regresar
al Campo VII. En la tarde, en un reconocimiento de Oyarzún y Lucero,
localizaron una rampa ascendente que les podría haber dado una
nueva oportunidad al día siguiente. Pero el 20 no salieron y Oyarzún
sufrió un principio de edema cerebral.
Enfrentados a esta dura situación, el grupo opto por regresar y el 21 iniciaron el azaroso y triste descenso que terminó en el Base el 23 de mayo.
Mientas ocurrían estos hechos, Casassa se había sentido mucho mejor y había solicitado participar en el ascenso, pero no se le consideró. Incluso, por otros incidentes que ocurrieron, fue obligado a permanecer en el Base. Impaciente y finalmente bien aclimatado, Cassasa
no obedeció y ascendió en solitario el 14 de mayo el Changtze (7.553 m.), en 20 horas continuadas desde el Campo II. Lo hizo sin contar con el permiso oficial chino ni la aprobación tácita del resto de la expedición.
Criticable o no, esta sería la primera ascención en solitaria
del Changtze y la segunda absoluta.
El regreso a Chile fue glacial.
Hubo recriminaciones, críticas y un quiebre institucional definitivo entre la Federación y los andinistas que apoyaron a Casassa. A las naturales pasiones que una expedición siempre provoca, se sumaron otras venidas de odios pendientes y el resultado fue un mar de declaraciones,
insultos y conflictos.
Es evidente que la perspectiva que da el tiempo permite identificar
errores en la estrategia, en la logística o en el manejo de grupo
que se hizo en esta expedición. Pero también sería
bueno reconocer que enfrentaron la montaña a su manera (sin porteadores,
oxígeno, ayuda externa o guías) y que, si al final no lograron
la cumbre, al menos fue en su ley.
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