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Everest (1986)

Banco Edwards

Uno de los integrantes más importantes en las expediciones anteriores había sido Claudio Lucero. Una personalidad fuerte que se hizo cargo de la enseñanza del montañismo al interior de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Allí, Lucero fue capaz de encantar a esta Institución con la idea de regresar al Everest, pero esta vez sólo con alumnos e integrantes de su grupo de montaña.
La ruta fue la misma del intento de 1983, pero en el período post-monzónico. Los expedicionarios fueron: Claudio Lucero (líder), Marcelo Grifferos, Rodrigo Jordán, Pablo Straub, Cristián García-Huidobro, Fernando García-Huidobro, Víctor Hugo Trujillo, Pedro Bralic y José Marambio (médico). La edad promedio del grupo, excluyendo a Lucero, era de 24 años.
Como era la tónica en aquellos años, la ruta no fue compartida con nadie. Para equipar el cerro, contaron con la ayuda de cuatro porteadores de altura, se organizaron en cuatro cordadas de dos personas e instalaron cuerdas fijas en la pared de hielo que guarda el acceso al Collado Norte (7.050 mts.). A este punto la expedición pudo arribar en varias ocasiones dejando allí todo el material necesario para abastecer los siguientes campamentos.
Collado Norte. Foto: Gastón Oyarzún, expedición 1983El 16 de agosto de 1986, cuando Trujillo se desplazaba un poco más arriba del Collado Norte, se acercó en demasía a una cornisa de nieve que cedió a su peso. Al ir desencordado, sufrió una caída de 700 metros que le ocasionó la muerte. Su cuerpo fue rescatado y enterrado por sus amigos en un bello lugar en el mismo valle donde se localiza el Campo Base Avanzado, donde permanece hasta el dia de hoy.
Ocurrida la desgracia, el grupo debió decidir si continuar con el ascenso (como una manera de honrar la memoria de su amigo), o bien abandonar (debido a la inevitable desconcentración y dolor que el accidente había producido). Tal debate no fue fácil y ni siquiera unánime, pero finalmente decidieron regresar llegando a Santiago el 12 de septiembre de 1986.
En nuestro país hubo serios cuestionamientos sobre el nivel de la expedición, críticas que, justa o injustamente, se centraron sobre Lucero. De esta época vienen las diferencias entre él y un particular estudiante de medicina llamado Mauricio Purto, antagonismo que alcanzaría ribetes míticos con el paso del tiempo.
En mi opinión, esta experiencia fue muy ilustrativa en cuanto a dos hechos que ocurren habitualmente en el montañismo aunque pasan desapercibidos para el público observante.
El primero de ellos, es que es no es del todo justo criticar en frío las decisiones que se toman en ambientes hostiles. Cuando se tienen las necesidades satisfechas, cuando no se corre riesgo, cuando se está sentado en un comodo sillón en un cálido hogar... uno inconcientemente tiende a simplificar en demasía los problemas, olvidando la lluvia, el calor, el hambre, el miedo, la angustia o la muerte.
El segundo, y no menos importante, es que en el montañismo es inutil juzgar las habilidades o capacidades. No sirve decir "es muy capaz", "tiene talento" o "es el mejor". Lo que importa realmente son los hechos. En este grupo, con enorme potencial pero joven e inexperto, estaban algunos de los más influyentes montañistas que el país vería en la próxima década. Pero para llegar a eso, primero tendrían que transcurrir varios años de fracasos deportivos antes que ellos lograsen expresar todo su potencial.

Expedición Nacional Everest 1983  Expedición CAI 1988